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Yucatán se mantiene entre los estados del país con menor presencia de uso de drogas ilícitas, de acuerdo con los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2025;

no obstante, el estudio señala que 61.9% de la población de 12 a 65 años ha consumido alcohol.

Ante este escenario, especialista advierte que dicha práctica avanza de forma silenciosa, está socialmente normalizada y tiene relación directa con la salud mental.

Consumo de drogas ilícitas se mantiene bajo en el sur

Los resultados de la encuesta muestran que la región sur del país, en la que se ubica Yucatán, junto con Campeche, Tabasco, Chiapas y Quintana Roo, no presentan incrementos en el consumo de drogas ilegales, a diferencia de otras zonas del país.

A nivel nacional, el consumo de drogas, al menos una vez en la vida, pasó de 10.3% en 2016 a 14.4% en 2025.

Los mayores aumentos se concentraron en regiones como Ciudad de México, el centro y el norte del país. En el sur los niveles (9.0%) se mantienen por debajo del promedio nacional que es de 13.1%.

El alcohol, el principal foco de preocupación

El panorama cambia al analizar el alcohol. De acuerdo con datos del Encodat 2025, el consumo de alcohol alguna vez en la vida continúa en niveles elevados y estables.

A nivel nacional pasó de 71% en 2016 a 73.7% en 2025, con un aumento particularmente marcado en mujeres adultas, cuyo consumo se incrementó de 62.6% a 69.3% en ese mismo periodo.

La encuesta revela que en la región sur, 61.9% de la población de 12 a 65 años ha consumido alcohol. Y aunque se ubica por debajo de la media nacional, que es de 73.7%, alertan que representa un riesgo para la salud.

Impacto del alcohol en la salud mental

La psicóloga Carolina Chávez señala que aunque Yucatán tenga bajos niveles de consumo de drogas ilícitas, eso no significa que esté exento de riesgos: “el alcohol es una sustancia legal muy normalizada, pero con un enorme impacto en la salud mental. El consumo excesivo episódico está estrechamente vinculado con ansiedad, depresión, problemas familiares y bajo rendimiento escolar y laboral”, indicó.

La especialista recordó que el consumo de alcohol suele funcionar como una puerta de entrada a otras problemáticas, por lo que la prevención en Yucatán debe centrarse en el alcohol y en fortalecer la atención a la salud mental.

“Cuando el malestar emocional no se atiende y el alcohol se usa como una forma de afrontamiento, el riesgo de dependencia y de otras adicciones aumenta. Por eso, la prevención en Yucatán debe centrarse en el alcohol y en fortalecer la atención a la salud mental”, dijo.

Inicio temprano y presión social

Aseguró que aunque Yucatán continúa destacando por sus bajos niveles de consumo de drogas ilícitas, los datos de la Encodat 2025 confirman que el verdadero desafío está en frenar el avance del consumo de alcohol, especialmente entre jóvenes, y atender de manera integral la salud mental, antes de que estas problemáticas se vuelvan más difíciles de contener.

Aunque la encuesta no muestra este indicador por entidad, especialistas advierten que Yucatán reproduce este patrón de alta normalización social del consumo, especialmente en contextos familiares, festivos y laborales.

Cifras del Instituto Nacional de Salud Pública indican que en el estado el 71% de las personas que consumen alcohol comenzaron a beber antes de los 18 años, y más de la mitad lo hizo a los 13 años o antes.

Lo que incrementa el riesgo de dependencia, consumo excesivo episódico y afectaciones a la salud mental en etapas tempranas de la vida.

Presión en los servicios de salud

A ello se suma el impacto en los servicios de salud. En Yucatán se ha documentado un incremento en los casos de intoxicación aguda por alcohol.

Con una mayor demanda de atención médica de urgencia, principalmente en hombres de entre 18 y 40 años.

En paralelo, la Encodat 2025 también da cuenta de un cambio relevante en materia de salud mental.

En la región Sur, el 5.7% de la población reportó haber recibido tratamiento por problemas de salud mental, cifra menor al promedio nacional de 6.5%, pero que muestra un aumento respecto a ejercicios anteriores y una mayor visibilización del malestar psicológico.