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En la vasta extensión de la Amazonía brasileña, la entrada a la tierra indígena Capoto/Jarina marca un cambio drástico en el paisaje.

Mientras el monocultivo domina amplias regiones, la exuberante selva se mantiene intacta en este territorio, hogar del cacique Raoni Metuktire, uno de los líderes indígenas más influyentes de Brasil.

La aldea Metuktire, con 400 habitantes, se erige como un bastión contra la deforestación y la minería ilegal, problemas que devastan muchas tierras indígenas. Mientras otras regiones enfrentan la destrucción, la Capoto/Jarina conserva su cobertura forestal, con solo un 0,15% de su territorio afectado entre 2008 y 2024, según datos oficiales.

Defensa del territorio y tradición cultural

"Yo no permito 'garimpeiros' ni 'madereiros' en nuestra tierra", afirma Raoni, cuya edad se estima en 90 años. Este viernes, el líder recibirá al presidente Luiz Inácio Lula da Silva para exigir la demarcación de nuevas tierras indígenas, clave para frenar la expansión de actividades ilegales.

Los habitantes de la aldea mantienen su territorio mediante patrullajes territoriales y programas de concienciación dirigidos a los jóvenes, evitando que sean seducidos por el dinero del crimen ambiental.

"Hemos guerreado hasta expulsar a los invasores", dice el cacique Beptok Metuktire, quien enfatiza la importancia de la identidad cultural y el uso del idioma kayapó, predominante en la comunidad.

Impacto ambiental y amenazas latentes

A pesar de sus logros, la aldea enfrenta nuevos retos. Los incendios forestales han incrementado, exacerbados por el cambio climático y la acción humana. En 2024, un fuego arrasó sus huertas y plantas medicinales, afectando su autosuficiencia alimentaria.

"Nuestro mundo se va a extinguir si no actuamos", advierte el cacique Pekan Metuktire. El cambio en el clima es evidente: la sequía extrema y el calor abrasador alteran el ecosistema, afectando la vida cotidiana de la comunidad.

Minería ilegal: una amenaza constante

Mientras la Capoto/Jarina resiste, otras tierras indígenas sufren un deterioro imparable. En la vecina tierra Kayapó, kilómetros de minería ilegal devastan la selva. Según Greenpeace, 22,000 campos de fútbol han sido destruidos por la extracción de oro, contaminando ríos con mercurio.

Organizaciones ambientales denuncian que grupos criminales, como el Comando Vermelho, financian la minería ilegal, infiltrando comunidades indígenas con promesas económicas que terminan fragmentando su estructura social.

Expectativas ante la COP30

La comunidad indígena espera que la COP30, liderada por Lula da Silva en noviembre en Belém, aporte soluciones concretas para la protección de la Amazonía. "Necesitamos que el mundo nos escuche y asegure el futuro de nuestros nietos", expresa Ngreikueti Metuktire, madre y defensora del territorio.

AFP