El inicio de un legado comercial
Noé Chuc Poot es un joven comerciante que a sus escasos 19 años ha podido consolidarse como un semifijo con su puesto a escasos metros del Mercado de Chuburná de Hidalgo.
En los últimos años, él se ha hecho responsable de sus errores y aciertos, consiguiendo todo de manera autodidacta. Eso sí, con un poco de ayuda de su padre, don Eddie, quien también se dedica al mismo oficio, pero en un establecimiento en Chenkú, al poniente de la capital yucateca.
El joven ha sabido leer las tendencias para desempeñar su oficio y ahora, en compañía de su pareja, venderán opciones saludables y con fruta de temporada local para las infancias que buscan una botana. Esto, tras la prohibición de comida chatarra en las escuelas, ya que el puesto que ocupan se encuentra a escasos metros de un plantel.

Superando retos en el Mercado de Chuburná
El joven comerciante compartió para 24 HORAS YUCATÁN que tenía apenas dos años cuando su papá decidió probar suerte en el ámbito comercial. Su principal herramienta fue una camioneta vieja, que desde 2008 ya tenía sus años.
Don Eddie, con 27 años en ese entonces, inició vendiendo naranjas al mayoreo para generar ingresos para su familia.
Una vez que don Eddie se consolidó en Chenkú, llegó el momento de expandir el negocio. Sin embargo, se enfrentaron a un entorno muy competitivo en el Mercado de Chuburná.

Encontraron un lugar cerca de la central de abastos y, con la ayuda de la camioneta, decidieron vender sandías.
Sin embargo, los locatarios no vieron con buenos ojos la competencia y, con apoyo de las autoridades municipales, los presionaron para que abandonaran el sitio, ya que en ese momento no contaban con los permisos.
Después de ser retirados, iniciaron el proceso para regularizar su comercio y lograron establecerse a tres metros de la primaria Bernabé Argáez Milanés, muy cerca del mercado. Fue en ese momento cuando Noé Chuc Poot comenzó a interesarse por el negocio familiar.
Claves para el éxito en el comercio local
“Vi desde niño cómo mi papá le echaba ganas al comercio y me di cuenta de que no era bueno para el estudio, así que fui sincero con mi papá y, luego de terminar la secundaria, empecé con la venta de frutas y verduras”, señaló Noé.
Su primer proveedor de insumos fue su propio padre. Compró una caja de limones, los dividió en bolsas y salió a las calles para venderlos. Con el dinero, reinvirtió y consiguió más productos.



Con el tiempo, terminó la preparatoria y tuvo la oportunidad de hacerse cargo del negocio en Chuburná. Aprendió por su cuenta, entendió la importancia de ahorrar, de invertir con inteligencia y de considerar que siempre habrá merma, por lo que es clave hacer un uso eficiente del producto y ofrecer una excelente atención al cliente.
Ahora, con una buena ubicación, ha logrado comprar su propia camioneta, sus neveras y generar contactos en el mercado. A pesar de tener tres hermanos, ninguno de ellos ha heredado el interés por el comercio.
Para el joven emprendedor, la clave del éxito está en no ser ambicioso de inmediato, evitar pensar que se harán ricos de la noche a la mañana y, sobre todo, ofrecer un trato único y personalizado a los clientes.