Especialistas en Terapia Cognitivo Conductual advierten de la crisis que viven los adolescentes de la comunidad derivado de las terapias de conversión.
Por: Abraham Bote Tun
Yucatán, junto con otros estados del sureste como Tabasco, Campeche y Quintana Roo, enfrenta una preocupante realidad para las juventudes LGBTQ+, como la salud mental, derivada de las secuelas de las terapias de conversión, prácticas ampliamente condenadas por organismos internacionales por violar derechos humanos y causar daños psicológicos irreparables, además de enfrentar discriminación, violencia física y amenazas, entre otros problemas.
Así lo expuso The Trevor Project, organización internacional que brinda apoyo en crisis y prevención del suicidio para juventudes LGBTQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queer y más).
Para Erika Barrera, directora de Servicios Digitales de Crisis en la organización y maestra en Terapia Cognitivo Conductual, es necesario brindar educación y aplicar políticas que garanticen la erradicación de las terapias de conversión y combatan las violencias desde los espacios educativos y dentro de las familias.
Barrera subraya que la falta de recursos locales y la deficiente implementación de la legislación agravan la situación.
La discriminación y la violencia, tanto en el hogar como en la escuela, siguen siendo los principales factores de riesgo, especialmente para personas trans y no binarias.
Desafíos
La comunidad LGBTQ+ del sureste sigue enfrentando enormes desafíos relacionados con la salud mental, especialmente debido a prácticas como las mal llamadas terapias de conversión, las cuales pretenden cambiar la orientación sexual de una persona, pero se ha demostrado que dejan secuelas devastadoras.
Según datos recopilados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), analizados por The Trevor Project, las juventudes LGBTQ+ que han sido sometidas a estas prácticas presentan el doble de riesgo de sufrir ideación suicida y de intentar quitarse la vida en comparación con quienes no han pasado por estos procedimientos.
Barrera resalta que, en muchos casos, los responsables de estas terapias no son profesionales capacitados, sino personas que se presentan como expertos, incluidos algunos psicólogos, miembros de la iglesia e incluso médicos y psiquiatras.
"Es necesario tener un enfoque crítico ante las personas que nos consideramos expertos en salud mental, por lo que es fundamental investigar sus credenciales y asegurarse de que trabajen desde un enfoque centrado en la persona, sin intentar cambiar su identidad, ya que lo que estas terapias buscan es, en muchos casos, corregir lo que no debe cambiarse”, agregó.
Autolesiones
Uno de los efectos más graves de ser sometido a estas terapias es el aumento de los actos de autolesión.
Según Barrera, el 75% de las juventudes LGBTQ+ ha recurrido alguna vez a la autolesión como una forma de lidiar con el dolor psicológico. Estas conductas incluyen cortarse, quemarse o golpearse, y están estrechamente relacionadas con el riesgo elevado de suicidio.
Además, Barrera destaca la falta de recursos en Yucatán y otras regiones del sureste de México, lo que agrava la situación.
Aunque en abril de este año se aprobó una ley a nivel nacional que prohíbe las terapias de conversión, la falta de infraestructura para atender de manera adecuada a las personas afectadas sigue siendo un reto importante.
"Las juventudes LGBTQ+ en Yucatán y el sureste del país no tienen acceso fácil a servicios de salud mental que respeten sus derechos y enfoques de género", señala.
La situación se complica aún más debido a la discriminación que enfrentan las personas LGBTQ+ en el hogar y la escuela, los dos espacios más importantes de desarrollo en la vida de los jóvenes. Barrera resalta que, a menudo, los familiares y los amigos cercanos son quienes ejercen la violencia más grave, lo que impacta negativamente en la autoestima y la salud mental de las personas LGBTQ+.
Llamado
A pesar de estos desafíos, Barrera hace un llamado urgente a los padres y madres de familia para que ofrezcan un hogar afirmativo, en el que se respete la identidad y los pronombres de sus hijos.
"Es fundamental que los padres acepten plenamente a sus hijos tal y como son. Esto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para muchos de ellos", afirma.
Por otro lado, la situación en Yucatán sigue siendo alarmante, ya que el estado ocupa el segundo lugar en el país en cuanto a tasas de suicidio. Barrera cree que esto refleja las profundas creencias arraigadas en la sociedad, que aún perpetúan actitudes discriminatorias y violentas hacia la comunidad LGBTQ+.
"Aunque Yucatán se considera el estado más seguro del país, la realidad es que ésta no está garantizada para juventudes LGBTQ+, sobre todo cuando hablamos de su salud mental", agregó.
El llamado es claro, dijo, “es urgente que tanto el gobierno como la sociedad civil tomen conciencia de la importancia de implementar políticas públicas inclusivas y garantizar que todas las personas, independientemente de su identidad sexual o de género, puedan vivir una vida digna y libre de violencia”.